Primera edición de la obra. No incluye los sermones.
Sobre la compleja autoría de la obra, veáse Matesanz del Barrio (1997).
Publicada por primera vez en 1512, la obra de Montesino es una traducción castellana de un libro litúrgico medieval que contiene varias lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, algunas de ellas acompañadas
de sermones (Matesanz del Barrio, 1995, p. 9). Las Epístolas y Evangelios, que gozaban de gran popularidad desde el siglo xv, estaban destinadas tanto al clero como a los laicos, que las utilizaban para seguir la misa celebrada en latín desde el final del Concilio de Trento (Matesanz del Barrio, 1995, p. 15-16). El índice de Sandoval (1612) mandó expurgar todos los fragmentos de las Epístolas y Evangelios contenidos en la obra de Montesino que estaban exentos de sermones, pero permitió las perícopas acompañadas de explicaciones:
Fr. Ambrosio de Montesinos, Epístolas y Evangelios para todo el año cuanto a los que no tienen explicación del autor pero permítense las que la tienen, quitados los demás» (Index librorum, 1612, vol. I, p. 16).
Al parecer, los impresores hicieron poco caso de las disposiciones inquisitoriales, probablemente porque el expurgo afectaba a una cantidad muy significativa de páginas; por ello, salieron nuevas ediciones que pasaron por alto los expurgos impuestos por la Inquisición.
Con el índice de Zapata (1632), se produjo un importante cambio de normativa. Hasta ese momento la Inquisición había autorizado las citas puntuales de la Biblia, así como los Evangelios y Epístolas de la misa, siempre y cuando estuviesen acompañados de comentarios y sermones que explicasen los fragmentos citados para encauzar su interpretación (Index librorum, 1612, vol. I, p. 3). El índice de Zapata (1632) endureció la normativa y decretó que quedaban prohibidos los libros que contuviesen breves citas de la Biblia en lengua vulgar, aun cuando estuviesen acompañados por comentarios
por el peligro de errar en su mala inteligencia la gente ignorante y vulgar y por otros inconvenientes que se han advertido y experimentado (Novus index, 1632, sign. †6v).
Al final de esa regla general, se citaba precisamente como ejemplo el caso de las Epístolas y Evangelios del franciscano Ambrosio Montesinos. De acuerdo con la nueva normativa, se prohibió integralmente el leccionario del franciscano, incluso los fragmentos acompañados de comentarios:
Fray Ambrosio de Montesinos, su libro intitulado Epístolas y Evangelios para todo el año en vulgar, en Alcalá, por Juan Gracián, 1608 y antes en Medina del Campo, por Francisco del Canto, 1586, o de otro cualquiera impresión, aunque tengan los Evangelios alguna breve explicación (Novus index, 1632, p. 62-63)
Según los calificadores Florencio Gutiérrez y Juan Ramírez, que examinaron la obra, no solo muchos fragmentos de las Escrituras no se comentaban, sino que los comentarios eran muy mediocres y de todo punto inútiles, pues no aclaraban debidamente el texto.
EN DESARROLLO
Matesanz del Barrio, María (1995), Epístolas y Evangelios por todo el año. Edición crítica y estudio lingüístico, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.
Matesanz del Barrio, María (1997), ««Epístolas y Evangelios por todo el año». Una errónea atribución de autoría», Revista de Filología Románica, 13, p. 215-230.
Simón Díaz, José Simón, «Una obra de fray Ambrosio de Montesino vista por la Inquisición», en Aportación documental para la erudición española: recopilación y transcripción de José Simón Díaz, Madrid, CSIC, 1951, p. 12-17.