CATÁLOGO DIGITAL DE LOS LIBROS CENSURADOS POR LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII

Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio

Autoría adicional
Orden religiosa a la que pertenece el autor
Título de la obra
Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio
Idioma
Lugar de edición
Impresor
Año de edición
1531
Comentarios sobre la edición o el manuscrito

Edición citada en el índice

Materias
Palabras clave
Índice inquisitorial
Tipo de condena
Comentario de la condena

EN DESARROLLO

Expediente de censura
Periodo del proceso inquisitorial
1620
Comentario del proceso

Apenas un año después de que todas las obras de Maquiavelo fueran incluidas
en el catálogo de libros prohibidos de Quiroga, que siguió probablemente al índice de Roma, el duque de Sessa, Antonio Folch de Cardona, pidió permiso al Consejo de la Inquisición para publicar una traducción expurgatoria de las obras del escritor florentino. Alegaba que la condena inquisitorial proscribía obras valiosas que, si bien contenían «algunos errores y cosas impías y malsonantes», abordaban «con mucha curiosidad y erudición» temas relacionados con cuestiones políticas relevantes:

Muchos hombres principales y de calidad sienten la falta de las obras de Nicolao Machiavelo que se ha prohibido por el nuevo índice y catálogo, y particularmente los libros que intitula De discursos, Príncipe, Diálogos del arte de la guerra y Historias de la República de Florencia, dirigidas a la buena memoria de León décimo, por tratar en los dichos libros materias de Estado y gobierno en tiempo de paz y guerra, con mucha curiosidad y erudición. Y aunque en ellas hay algunos errores y cosas impías y malsonantes, hay otras de mucha curiosidad y aprovechamiento; y las que no son tales se pueden fácilmente expurgar, enmendar y corregir y aun traducirse los dichos libros de lengua italiana en vulgar castellana e imprimirse con nombre de otro autor, no conviniendo que anden en el del dicho Nicolao Machiavelo (AHN, Inquisición, legajo 4436, expediente 4)

El duque de Sessa propuso que Marco Antonio de Aldana, que tenía un excelente dominio de la lengua italiana y del derecho, realizara la traducción, eliminando los errores y el nombre del denostado autor. Al no obtener respuesta, el duque reiteró su petición al Consejo de la Inquisición al año siguiente, pero esta vez evocó la posibilidad de que realizara la traducción el doctor Juan Bautista de Cardona, obispo de Vic, conocido por su gran erudición (Ramos, 2012, p. 356). Al proponer que se encargarse de la traducción un eclesiástico, el duque de Sessa esperaba tal vez que su propuesta fuera mejor recibida por los inquisidores. Y, al parecer, así fue, pues el 1 de junio de 1585, el inquisidor general dio su aprobación; sin embargo, por razones que desconocemos, el proyecto no se llevó a cabo.

Cuando la Inquisición prohibió la opera omnia de Maquiavelo en el índice quiroguiano, ya se habían traducido al castellano dos de sus obras: Del arte de la guerra y Discurso sobre la primera década de Tito Livio. La traducción de los Discursos fue realizada por Juan Lorenzo Ottevanti, e impresa en 1552 en Medina del Campo. Dicha traducción fue explícitamente prohibida en el índice de Sandoval. Dado que el catálogo de Quiroga condenó todas las obras de Maquiavelo, en principio, esa prohibición resultaba innecesaria, ya que se englobaba en la condena de la opera omnia. Sin embargo, es probable que los inquisidores quisieran llamar la atención sobre un escrito considerado especialmente peligroso por dos razones: primero, porque la obra defendía una tesis controvertida y, segundo, porque la traducción al castellano la hacía accesible a los indoctos.
Desde una perspectiva temática, los Discursos se centraban en la república, que el secretario florentino veía como la forma de gobierno más perfecta, así como en la organización, prosperidad y conservación del Estado (Martínez Arancón, 1987, p. 9-10). Maquiavelo defendía la necesidad de hacer de Florencia una república, integrada por ciudadanos y gobernantes virtuosos (María de Artaza, 2016, p. 35). En el modelo de república maquiaveliano, la religión ocupa un lugar relevante, pero tan solo como instrumento al servicio de los intereses políticos (María de Artaza, 2016, p. 46; Martínez Arancón, 1987, p. 12). Revirtiendo la concepción tradicional, en la que la política está al
servicio de la moral religiosa (ancilla moralis teologicæ), el pensamiento maquiaveliano no concibe la religión como un fin, sino como un medio para la conservación del Estado. La razón de Estado, defendida por Maquiavelo, es el bien que ha de maximizar la actuación política, aun si ello implica desatender los deberes del príncipe cristiano. En otras palabras, la deontología cristiana no constituía un criterio de guía de la conducta política (ni de su evaluación) ni un freno puntual a esa. Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio criticaban también abiertamente a la Iglesia romana, no desde una perspectiva religiosa, sino política: el teórico acusa al papado de haber impedido la unidad de Italia, de corromper toda forma de organización, de no promover el amor a la patria ni los valores cívicos y, por último, de favorecer el despotismo, la debilidad y el desinterés por la comunidad (Martínez Arancón, 1987, p. 12).

Referencias bibliográficas

María de Artaza, Manuel, «Estudio preliminar», en Nicolás Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, trad. de Sandra Chaparro, Madrid, Akal, 2016, p. 5-60.

Martínez Arancón, Ana, «Introducción», en Nicolás Maquiavelo, Discursos sobre la pimera década de Tito Livio, trad. de Ana Martínez Arancón, Madrid, Alianza, 1987, p. 7-20.

Ramos, Rafael, «De Francisco a Marco Antonio Aldana pasando por Gaspar Gil Polo», Bulletin hispanique, 114 (1), 2012, p. 345-365 (véase las p. 354-358).

 

Cómo citar este registro:

«Nicolás Maquiavelo, Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio», CÁLICE (Catálogo digital de los libros censurados por la Inquisición española en el siglo XVII), ed. Mathilde Albisson, ISSN en trámite, URL: https://sr.uab.cat/obra/discorsi-sopra-la-prima-deca-di-tito-livio/