CATÁLOGO DIGITAL DE LOS LIBROS CENSURADOS POR LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII

Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum

Autoría adicional
Orden religiosa a la que pertenece el autor
Título de la obra
Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum
Idioma
Lugar de edición
Impresor
Año de edición
1588
Comentarios sobre la edición o el manuscrito

Edición citada en el índice.

Materias
Palabras clave
Índice inquisitorial
Tipo de condena
Comentario de la condena

EN DESARROLLO

Expediente de censura
Periodo del proceso inquisitorial
1589
Comentario del proceso

A partir de finales del siglo xvi, la Inquisición se fijó en la nueva producción hagiográfica postridentina, ateniéndose de manera estricta a los nuevos criterios y reglas establecidos por la Iglesia en el Concilio de Trento relativos al reconocimiento de la santidad y de los milagros. En 1589, la tercera parte del Flos sanctorum (1588) de Alonso de Villegas fue denunciada ante la Inquisición. El santoral de Villegas pertenecía a una nueva generación de legendarios castellanos que había abandonado la Legenda aurea a favor de otras fuentes más recientes y autorizadas, las Vitæ Sanctorum de Luigi Lippomano, publicadas en Roma y Venecia entre 1551 y 1560, y de Lorenz Sauer (Laurentius Surius), impresas entre 1570-1575 en Colonia.

A raíz de una denuncia, la Adición a la tercera parte de dicho santoral fue examinada por Pedro López de Montoya, quien era entonces uno de los principales colaboradores de la Inquisición en materia censoria. El objeto de dicha delación concernía a la vida de sor María de la Visitación, religiosa del convento de la Anunciada, conocida como «la monja de Portugal» o «la monja de Lisboa». La religiosa está relacionada con un escándalo provocado por la exhibición de estigmas ficticios, con los que consiguió engañar a las autoridades eclesiásticas y al propio Felipe II. En 1588, la Inquisición lusa acabó por descubrir que las llagas no eran más que una superchería (unas pinturas con tinta roja). Ahora bien, unos meses antes de que se dictase sentencia respecto de la monja, cuando ya empezaba a cuestionarse la verdad de los estigmas, Villegas publicó la tercera parte de su Flos sanctorum, en
la que otorgaba carácter fidedigno a las llagas. López de Montoya opinó, en un primer momento, que la enmienda no incumbía al Santo Oficio sino al propio autor, quien perdía crédito al haberse aventurado a recoger y avalar algo tan dudoso. Estaba convencido de que el hagiógrafo no había incurrido en «ningún género de malicia» y que los lectores podrían entenderlo así. No obstante, por el escrúpulo que había experimentado el delator, resolvió, al final, que era conveniente borrar algunos renglones. De hecho, en junio de 1589, la Inquisición decretó la expurgación de la obra, que se recogió unos años más tarde en el índice de Sandoval.

El fragmento censurado cubre entre tres y cuatro columnas de texto, según las ediciones: concierne a un fragmento en el que Villegas confiere crédito a las llagas de dos beatas jerónimas, María García (siglos xiv-xv) y María de Ajofrín (siglo xv), así como a las fraudulentas heridas de la monja portuguesa, un episodio que incorporó Villegas para demostrar la vigencia de este tipo de manifestaciones fruto de vivencias místicas. En el legendario, Villegas confesaba haber pasado por alto algunos testimonios dudosos acerca de las llagas de la beata toledana, pero afirmaba tener en su poder una copia del testimonio fehaciente de un notario que acreditaba la existencia de la herida en el costado. La Inquisición expurgó tanto esta declaración como la descripción de las llagas, mediante la cual el autor pretendía persuadir, de forma rotunda, de su existencia:

Acerca de lo cual digo que algunas personas atrevidamente, en mi tiempo, han contradicho (y aún algunos predicado públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el hijo de Dios las padeció sino es en el bienaventurado san Francisco. Y pareciéndoles que en esto le hacen servicio quieren atar las manos a Dios. A estos digo que cuando no creyeren a los autores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunos sanctos, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que en particular en Roma se pinta y estampa la misma sancta Catarina con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices, que lo ven y lo permiten, y aun por lo mismo, por ser negocio tan grave, parece que lo aprueban. Si esto no basta pueden por vista de ojos y tocándolo con sus manos certificarse en este caso, con lo que de presente, creo que para confusión de ojos, ha permitido Nuestro Señor, y es que en este año de mil y quinientos y ochenta y seis, en que esto escribo esta vida, una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa en Portugal, llamada María de la Anunciación, doncella de edad de treinta y dos años, la cual está decorada con las llagas de Cristo, de cabeza, manos, pies y costado. Tiene su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio de ella, una abertura triangular de clavo… (Villegas, Adición a la tercera parte, 1588, f. 55v.)

El relato de falsos milagros junto con el modo asertivo en el que referirse a ellos resultó especialmente subversivo en una época en la que las autoridades religiosas pasaron a fijarse con atención en las manifestaciones milagrosas que servían de argumento para probar la santidad de un hombre o una mujer.

Referencias bibliográficas

ALBISSON, Mathilde, El proceso al libro: la censura en la España del siglo XVII, Madrid, Catedra, 2024, p. 304-307.

BURGUILLO, Javier, «El éxito editorial del Flos sanctorum de Alonso de Villegas frente al control de la literatura hagiográfica después de Trento», en Mathilde Albisson (ed.), Los agentes de la censura en la España de los siglos XVI y XVII, Berlin, Peter Lang, 2021, p. 303-340.

VILLEGAS, Alonso de, Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum, en que se ponen vidas de varones ilustres, Barcelona, Hieronymo Genovés, 1588, Biblioteca de Catalunya [R[2]-4-53].